martes, 6 de agosto de 2013

Desde otro punto de vista

¡Hola gente! ¿Qué tal el veranito? Por aquí se volvió a nublar, pero bueno, tuvimos días de mucho sol, mucho calor ^^ 

Pues venía de mi retiro espiritual (xD) porque hace unas semanas Richelle Mead pidió ayuda para que Dimitri ganase el "YA crush tournament". Si era así nos prometía una escena del primer libro de VA desde el punto de vista de nuestro ruso. ¡Y así fue! Hace unos días Richelle colgó en su blog de manera gratuita, la escena que comienza el libro uno de VA, y al poco las fantásticas LizC y Lizzie ¡lo habían traducido! Con su permiso os cuelgo la traducción. O si preferís leerlo en inglés, podéis encontrarlo AQUI.

O si queréis compararlo con el primer capítulo, desde la perspectiva de la protagonista Rose Hathaway, podéis probar suerte AQUI (click a la derecha en enviar fragmento).

¡Espero que os guste!

* `* * * * * * * 


El Encuentro
Una escena del primer libro de la serie Vampire Academy, contada desde
el punto de vista de Dimitri



—¡Dimitri!

Me volví al instante al oír mi nombre, lanzando una mirada al guardián que se acercaba en la oscuridad. ¿En qué pensaba? Todos los que estábamos aquí esta noche sabíamos cuán esencial era la discreción. No importaba que él fuera joven y estuviese emocionado por su primera gran misión. No teníamos espacio para errores, no cuando ésta era la única oportunidad que habíamos tenido en más de un año. Al darse cuenta de su error, él se tornó avergonzado, aunque no lo suficiente.

—Lo siento. —Bajó la voz hasta un susurro y se tocó la oreja—. El auricular no está funcionando. Revisamos la casa, y ya se han ido. Deben haber tenido un aviso, tal vez un perímetro de espías en las calles. —Cuando su entusiasmo regresó, el joven guardián, Laurence, comenzó a hablar rápidamente—. Yo estaba pensando en eso. ¡Probablemente tienen toda una red de personas que trabajan con ellas! Tiene sentido, ¿no? ¿De qué otro modo se las han arreglado para mantenerse por delante de nosotros durante tanto tiempo? ¡No se sabe hasta dónde llega esta conspiración! ¡Podríamos estar enfrentándonos a un ejército esta noche!

No dije nada y no mostré nada mientras reflexionaba sus palabras. Era un misterio cómo una pareja de adolescentes había logrado escapar a la detección durante dos años, sobre todo cuando una de ellas era una privilegiada princesa Moroi y la otra una dhampir delincuente con un expediente disciplinario tan largo que rompió todos los récords escolares. Cuando me uní al personal docente de San Vladimir el año pasado y me enteré del caso de la princesa, honestamente me sorprendía que las chicas no hubieran cometido un desliz antes. Estar en la liga con los demás podría explicar la forma en que habían permanecido ocultas… y sin embargo, en toda nuestra recopilación de datos, nunca habíamos tenido una vez el menor indicio de que tuvieran un cómplice, por no hablar de “toda una red” o “ejército”.

Mi silencio puso nervioso a Laurence, y ya no sonreía.

—Es irrelevante ahora —le dije—. Y no tiene sentido sacar conclusiones precipitadas cuando…

—¿Dimitri? —Una voz femenina crujió en mi auricular—. Tenemos imágenes de ellas. Se acercan a la intersección de Brown y Boudreaux, desde el norte.

Sin decir una palabra más a Laurence, me di la vuelta y me dirigí hacia las calles indicadas. Le oí corriendo detrás de mí, pero su paso era más corto, y no pudo mantener el ritmo. Traté de forzar la calma a medida que mi ritmo cardíaco aumentaba, pero era difícil. Esto era todo. Esto era todo. Finalmente podríamos atraparla: Vasilisa Dragomir, la princesa desaparecida, la última de su línea. Aunque sabía que todo el trabajo de un guardián era honorable —incluyendo la instrucción de los futuros guardianes— parte de mí había deseado algo más en St. Vladimir. Cuando me enteré acerca de la princesa Dragomir y cómo ella había escapado de la escuela, había hecho de su búsqueda un proyecto personal, empujando las pistas que otros habían dicho no tenían esperanza.

¿Yo? Yo no creo en la esperanza.

Reduje mi ritmo a medida que me acercaba a la intersección, permitiendo que Laurence me alcanzara. Una rápida evaluación reveló las formas oscuras de otros guardianes que estaban al acecho entre las sombras y detrás de los objetos. Este era el lugar que habían elegido para la intercepción. Rápidamente, me salí de la carretera y me escondí en la cubierta de un árbol, instando a Laurence a hacer lo mismo con un movimiento de cabeza. No tuvimos que esperar mucho tiempo. Cuando me asomé por el borde del árbol, vi dos figuras femeninas acercándose, una prácticamente arrastrando a la otra a lo largo del camino. Al principio, supuse que debía ser la dhampir más fuerte ayudando a la princesa, pero a medida que se acercaban, sus alturas y constitución revelaron que era exactamente lo contrario.

No tuve tiempo para reflexionar sobre esta rareza. Cuando estaban a unos dos metros de mí, rápidamente me bajé del árbol y bloqueé su camino. Ellas se detuvieron, y cualquier debilidad que la chica dhampir tenía ahora desapareció. Agarró la princesa toscamente por el brazo y tiró de ella hacia atrás, de manera que su propio cuerpo de dhampir servía como un escudo manteniéndome lejos. A nuestro alrededor, otros guardianes abrieron en abanico, tomando posiciones defensivas, pero no avanzando sin mi orden. Los ojos oscuros de la chica dhampir tomaron nota de ellos, pero mantuvo su atención enfocada de lleno en mí.

Yo no sabía del todo qué esperar de ella, tal vez trataría de huir o pedir su libertad. En su lugar, ella cambió a una posición aún más a la defensiva frente a la princesa y habló con una voz que era poco más que un gruñido:

—Déjala en paz. No la toques.

La chica estaba irremediablemente superada en número y aun así se mostraba desafiante, como si yofuera el único en una situación de desventaja. En momentos como estos, me alegraba que mis antiguos instructores en Rusia me hubieran entrenado en ocultar mis emociones, porque estaba sorprendido. Muy sorprendido. Y cuando evalué a esta chica dhampir, de pronto comprendí con toda claridad la forma en que nos habían eludido durante tanto tiempo. ¿Una red de cómplices? ¿Un ejército? Laurence era un tonto. La princesa no necesitaba una red o un ejército, no cuando ella tenía a esta protectora.

Rose Hathaway.

Había una pasión e intensidad que irradiaba de ella, casi como una cosa palpable. La tensión llenaba cada parte de su cuerpo mientras me miraba, desafiándome a hacer un movimiento. Poseía una fiereza que no esperaba; que nadie esperaba, me di cuenta, muy probablemente porque no podían ver más allá de ese registro delictivo de ella. Pero había una mirada en sus ojos ahora que decía que esto no era una broma, que moriría mil veces antes de dejar que alguien perjudicara a la princesa a su espalda. Me recordó a un gato salvaje acorralado, elegante y hermosa, pero totalmente capaz de arañar tu cara si se le provoca.

Y sí, incluso bajo la pobre luz, pude ver que era hermosa —en una forma mortal— y eso me llamó la atención también. Sus fotografías no le habían hecho justicia. Largo cabello oscuro enmarcaba un rostro lleno de la clase de belleza con bordes duros contra el que un hombre podría lanzar fácilmente su corazón. Sus ojos, aunque llenos de odio hacia mí, se las arreglaron para ser atractivos, lo cual sólo le añadía peligro. Ella podría estar desarmada, pero Rose Hathaway estaba en posesión de muchas armas.

Yo no quería pelear con ella y extendí mis manos en un gesto conciliador mientras daba un paso hacia adelante.

—No voy a…

Ella atacó.

Lo vi venir y no me sorprendí por la acción en sí misma tanto como el hecho de que incluso lo intentara con las probabilidades en su contra. ¿Debería haberme sorprendido? Probablemente no. Como había observado, estaba claro que Rose estaba dispuesta a hacer cualquier cosa y luchar contra cualquier persona para proteger a su amiga. Admiro eso —lo admiraba mucho— pero eso no me impidió golpear para bloquearla. La princesa seguía siendo mi objetivo esta noche. Y aunque Rose podría tener pasión y desafío, su ataque era torpe y fácil de desviar. Había estado fuera demasiado tiempo de su entrenamiento formal. Se recuperó mal y comenzó a caer, y recordé cómo se había tropezado antes. Por instinto, me estiré y la atrapé antes de que pudiera chocar con el suelo, manteniéndola firme sobre sus pies. Ese largo cabello maravilloso cayó fuera de su rostro, revelando dos marcas sangrientas a un lado de su cuello. Otra sorpresa; pero eso explicaba su fatiga y pálida tez. Al parecer, su devoción a la princesa iba más allá de la defensa. Al darse cuenta de mi escrutinio, Rose agolpó un poco de su enredado cabello hacia adelante para cubrir su cuello.

A pesar de lo desesperado de su situación, pude ver su cuerpo ágil preparándose para otro ataque. Me puse tenso en respuesta, a pesar de que no quería que esta valiente, hermosa y salvaje chica fuera mi enemigo. Quería que… ¿qué? No estaba seguro. Algo más que una riña superada en una calle de Portland. Había mucho potencial aquí. Esta chica podría ser imparable si sus talentos fueran debidamente cultivados. Yo quería ayudarla.

Pero pelearía con ella si tenía que hacerlo.

De repente, la princesa Vasilisa agarró la mano de su amiga.

—Rose. No lo hagas.

Por un momento, no pasó nada, y todos nos quedamos congelados. Luego, poco a poco, la tensión y la hostilidad aligeró en el cuerpo de Rose. Bueno, no toda la hostilidad. Todavía había un brillo peligroso en sus ojos que me mantuvo en guardia. El resto de su lenguaje corporal decía que aunque ella no había admitido exactamente la derrota, había concedido una tregua; siempre y cuando no le diera ningún motivo de alarma.

Yo no planeo hacerlo. Tampoco planeo nunca subestimarte de nuevo, chica salvaje, pensé, momentáneamente clavando mis ojos en los de ella. Y me aseguraré de que nadie más te subestime tampoco.

Satisfecho de que estuviera apaciguada —al menos momentáneamente— arrastré mis ojos de su mirada oscura y me centré en la princesa. Después de todo, fugitiva o no, Vasilisa Dragomir era la última de una estirpe real, y había ciertos protocolos a seguir. Me incliné ante ella.

—Mi nombre es Dimitri Belikov. He venido a llevarla de vuelta a la Academia de San Vladimir, princesa.


1 comentario:

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"Cuando se lee un libro según qué estado de ánimo, sólo se encuentran en él interpretaciones de ese estado.

Georges Duhamel."


Y a tí, ¿te ha pasado?

Talvezteinterese

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